Abúlico a cualquier dolor ajeno,
ni sabe a qué le llaman empatía.
Un alma tan inhóspita y tan fría
que nunca ha contenido nada bueno.
Rodríguez se revuelca por el cieno,
incólume entre tanta porquería
con su caparazón de hipocresía:
-que, a mí, todo lo humano me es ajeno.
Le aguarda un tediosísimo calvario:
un acontecimiento planetario
de tercos y difíciles procesos.
De culpabilidad o de inocencia,
barrunto lo que dice la experiencia:
los fieles del demonio no van presos.
barrunto lo que dice la experiencia:
los fieles del demonio no van presos.
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