martes, 26 de mayo de 2026

RELIQUIAS DE FAMILIA

Si tuviera yo una cruz, 
una cruz de plata vieja, 
como tímido recuerdo 
del cariño de mi abuela, 
no estaría acorazada 
entre alhajas y diademas, 
reliquias del lujo obsceno 
de la antigua realeza. 
Si tuviera yo una cruz 
honrada, como mi abuela, 
me la abrocharía al cuello 
para ver si se me pega.

KETTY GARAT

Sonetos periodísticos,4


La tal Ketty Garat es de una honrada
familia de oficiales de Marina,
porque hace falta mucha disciplina,
cuando has que navegar la mar salada.

¡Lo que hay por esa mar en la que nada!
Lo mismo es una mina submarina,
que es Ábalos que enchufa a su sobrina,
o Koldo con la popa levantada.

Destapó al de Torrente en el 21.
Se le descojonaron de consuno,
mas ella no tiraba la toalla.

Hoy todos han tragado ese jarabe
y saben que Garat tiene la llave.
La temen mucho más por lo que calla. 

lunes, 25 de mayo de 2026

FRAY JOSEPHO

 Sonetos periodísticos, 3



Josepho, como ser, es despreciable,
lo mismo que Torrente en camiseta,
que nunca se limpió con servilleta,
ni el roce de las manos con el sable.

Cualquier deuda con él es incobrable
y, en suma, es un chulángano y un jeta.
Pero es verdad que el tipo es un poeta,
y a veces, un poeta formidable.

La pena es que su vida está cautiva:
la noche entre romántica y lasciva
y un tráfico infinito de resacas.

Me ha dado su palabra, y es sincero:
si meten en la trena a Zapatero,
irá para tocarle las maracas.

domingo, 24 de mayo de 2026

FEDERICO

Sonetos periodísticos, 2


Le acusa aquél que no le quiere bien
de ser más irritante que el carburo.
Hay algo que podéis dar por seguro:
que nadie le convence al cien por cien.

Es ácido y es cómico también,
igual que Edward G. Robinson -sin puro-
Va armado de un probóscide tan duro
como el del bicho aquél que picó al tren.

¿Losantos te adjudica un remoquete?
Jamás te librarás de ese grillete,
olvídate de llantos y suspiros.

Y lo que le define todavía
es algo que probó su biografía:
que no se pliega a un “cállate” ni a tiros.

sábado, 23 de mayo de 2026

SANTI GONZÁLEZ

 Sonetos periodísticos, 1


Marino y redactor de relumbrón,
González, don Santiago, es bilbaíno,
(autóctono de un término vecino,
como lo fue Luciano, aquél Rincón).

Lo suyo por Bilbao es vocación,
que no la dan la pila ni el padrino.
Padece de un arraigo tan genuino
y amargo como el agua del Nervión.

¡Y qué cabeza tiene, que es enorme!
Jamás domesticada ni conforme
con la fabulación de rostro amable.

Allá donde blandean los plumillas,
él planta con rigor las banderillas
sin miedo a lo que piense el respetable.

miércoles, 20 de mayo de 2026

IMPUTADO

 


Abúlico a cualquier dolor ajeno,
ni sabe a qué le llaman empatía.
Un alma tan inhóspita y tan fría
que nunca ha contenido nada bueno.

Rodríguez se revuelca por el cieno,
incólume entre tanta porquería
con su caparazón de hipocresía:
-que, a mí, todo lo humano me es ajeno. 

Le aguarda un tediosísimo calvario:
un acontecimiento planetario
de tercos y difíciles procesos.

De culpabilidad o de inocencia,
barrunto lo que dice la experiencia:
los fieles del demonio no van presos.

viernes, 5 de diciembre de 2025

ADIOS A ALFONSO USSIA

 

Se ha muerto y se ha quedado así, tan pancho,
sin ínfulas absurdas de tragedia.
Se ha muerto en internat y en wikipedia,
sabiéndose Marqués de Sotoancho.

A veces fue Quijote, a veces Sancho,
a veces, de una química intermedia.
Don Mendo le enseñó las siete y media,
Mingote, el permanente zafarrancho.

Se ha ido sin llegar a los ochenta,
quizá en la compañía turbulenta
de Gila, Tip y Coll y la cuadrilla.

Y como humilde muestra de respeto,
lo juro ante notario y en soneto:
Hoy le pondré cebolla a la tortilla.


Así declaraba el maestro su lealtad perenne a las aliáceas:


El periodista don Alfonso Ussía,
que en el Parnaso en español descolla,
me sube el pavo por hacer poesía...
mientras elogia la infernal cebolla.
 
¡Las dos acciones en el mismo día!
Quien con talante liberal se enrolla
y envuelve en lauro la cabeza mía,
¡con vil cebolla mi chaveta abolla!
 
Tras ver en Malmö cómo queda Europa,
¿qué metro elijo para dar estopa?
Endecasílabos del tipo Safo.
 
Le doy las gracias, mi querido Alfonso.
Por sus papilas rezaré un responso,
y si le tengo que gafar, le gafo.

sábado, 23 de agosto de 2025

RUMORES DE LA MARETA

 

El Presidente concilia
su defensa del planeta
con la vida de familia
descansando en La Mareta
-un magnífico retiro
que, además, está pagado-
Mientras tanto, el juez Peinado,
dando al caso un nuevo giro,
no les deja ni un respiro
con las mierdas del juzgado.

¡Qué vida te dan, Pichona!
¡Tú, que tienes un marido
que no lo hay más presumido
rebuscando en la Eurozona!
Se te acaba ya el verano,
y otra vez a la trinchera:
y otra vez la fontanera,
lo de Aldama, y el hermano.

Para seguir en Moncloa
mientras tanto juez incoa,
ya no bastan la experiencia,
la paciencia y el talento:
hacen falta resiliencia...
y una cara de cemento.

sábado, 10 de mayo de 2025

NOBLEZA, ARISTOCRACIA Y MONARQUÍA



Estos tres conceptos parecen inseparables, pero no lo son en el decurso de la Historia:


NOBLEZA

La nobleza nace de la instauración del carácter hereditario en la casta militar de la recién nacida sociedad estamental: los señores de la guerra emparentan entre ellos y consolidan su posición de dominio, para conservar la exclusiva en el ejercicio de la fuerza contra otros clanes. El análisis marxista estudia críticamente este fenómeno, pero es un análisis anacrónico, pues su naturaleza podría rastrearse hasta el comportamiento social de los primates.

Hasta finales del siglo XVIII, la sociedad europea está dominada por la nobleza como clase social, cuya esencia va alejándose paulatinamente del poder guerrero, pero conserva la supremacía en todos los aspectos del poder social: desde el clero a la justicia y el entorno cortesano del gobierno.


MONARQUÍA

La monarquía en Europa es una élite sacralizada de la propia nobleza. Nace dentro de ella para ocupar la posición suprema del Poder: la encarnación misma de la Auctoritas del Estado.

Las primeras monarquías son electivas. Con el tiempo, la legitimidad hereditaria gana terreno como alternativa a la “elección”, que en la práctica es un enfrentamiento, a menudo violento, entre facciones nobiliarias.


ARISTOCRACIA

Prescindiendo de etimologías obvias, la aristocracia implica el mantenimiento de una situación colectiva de privilegio. Aquí, el carácter hereditario surge espontáneamente del deseo de los padres de que sus hijos conserven su posición. Esto no ocurre sólo en los entornos nobiliarios. Podemos ver este fenómeno en sociedades aparentemente muy distintas de la vieja nobleza estamental. 

Basta echar un vistazo a las tiranías marxistas para ver que hay apellidos que garantizan una posición de privilegio. Y no sólo en Corea del Norte: el socialismo español y los nacionalismos periféricos están urdidos por pequeñas castas hereditarias que mantienen su poder, o al menos, lo intentan. Bien es cierto que se trata de estirpes más cortas, pues carecen del poder absoluto que detentó la antigua nobleza. Pero el fenómeno sociológico es el mismo.


LA NOBLEZA HOY

En los viejos países europeos, donde existió una nobleza estamental, sigue habiendo personas con título, pero la nobleza no es ya una clase social. Existen los nobles, pero no son una casta, sino, acaso, un pequeño lobbie social que trata de mantener su identidad por el prestigio de su pasado.

En realidad, la nobleza no existe como clase desde principios del XIX, cuando los cambios sociales derivados de la Revolución Francesa hacen que el poder sea permeable a individuos ajenos a la antigua casta nobiliaria. El resultado es que la vieja nobleza busca su supervivencia en una alianza -vergonzante al principio- con la aristocracia del dinero.

La mayor parte de los actuales nobles descienden de un linaje híbrido, falsificado a veces, entre estas dos clases sociales. Unos aportan el abolengo y otros el dinero.

Una vez más, debemos abstenernos de aplicar criterios “morales” a un fenómeno tan universal como querer conservar la posición de privilegio en una sociedad cambiante.


LA MONARQUÍA HOY

La antigua vinculación entre nobleza y monarquía ha decaído por la misma razón: la nobleza de hoy no tiene una función social. No es una clase, sino, a lo sumo, un colectivo unido por sus vínculos con el pasado. En el fondo, una ficción, pues los títulos con pocas generaciones reclaman la misma posición de prestigio que las casas ducales más antiguas, y todos o casi todos descienden discretamente de familias de banqueros, políticos y comerciantes que les ayudaron a sobrevivir cuando el mero título no garantizaba siquiera la supervivencia económica.

La monarquía, en cambio, sí mantiene una función social. Un rey constitucional sigue encarnando la Auctoritas del Estado, aunque el poder efectivo haya migrado por completo a una clase política despegada de la vieja nobleza.

El carácter hereditario de la monarquía, que algunos critican por no ser democrático, sigue siendo, hoy como en su origen, una alternativa a la lucha entre facciones para ocupar la jefatura del Estado.

Esto no es posible en cualquier país: sólo en aquellos que han conservado la institución hasta hoy. La doctrina académica suele afirmar que la forma de la jefatura de Estado no quita ni pone calidad democrática a éste, lo que es fácilmente comprobable en la diversa calidad democrática que hay entre las monarquías, y también entre las repúblicas.

En España no hay Corte. ¿Necesita la monarquía de una clase nobiliaria para sobrevivir? En mi opinión, no. Los lazos históricos existen, pero no son esenciales. No será apellidarse Rocasolano lo que haga peligrar el futuro dinástico de la Princesa Leonor. Será la convicción de los españoles de que la institución sigue siendo una garantía y no un lastre, una defensa frente al banderismo político que fagocita las instituciones, lo que determinará que la monarquía sobreviva o no.

Yo lo tengo claro. Que cada uno se forme su opinión, en la certeza de que no habrá rey ni reina si el país no hace un esfuerzo por sostenerlos. Porque, una vez que desaparezcan, lo harán para siempre.

viernes, 21 de febrero de 2025

XV y último: UN DOMINGO EN LAS REGATAS



La bomba estalló en el desayuno.

-Señor. Su hermana le ha llamado por teléfono esta mañana.
-¿Mi hermana? ¿Mi hermana Ofelia?
-Así lo manifestó, señor.
-Es la única hermana que tengo, a Dios gracias. ¿Desde dónde llamaba?
-No sabría decirle señor.

No hubo tiempo para más disquisiciones. Sonó el timbre y, segundos después, Ofelia Victoria Catalina Fermanag, née Sans-Foy, condesa de Tyrconnel, entró en la habitación con el aplomo del condottiero Gattamelata.

-Hola, feo.
-Hola, calabaza. ¿Qué tripa se te ha roto?
-Necesito tu insignificante presencia en mis dominios. –Esto lo dijo mientras se servía MI té en MI taza, con la repulsiva familiaridad de quien te ha conocido en pañales-
-¿Has ahogado ya a esos monstruitos a los que llamas hijos? –le dije- De otro modo, me niego en redondo a compartir mesa y manteles.
-No seas imbécil. Tim y Toby son tus herederos. Algún día los llamarás desde tu lecho de muerte para suplicarles que acepten los insignificantes restos de tu desgraciada existencia.
-Muy improbable. Entre tanto, devuélveme esa taza. Porridge te traerá una.
-Tómate tu té y tu huevo revuelto. Te necesito en plena forma. ¿Qué hay en esta bandeja? ¡Arenques! Traiga un plato, Porridge.
-¿Te importaría sacarme de las tinieblas? ¿Qué quieres de mí, aparte de saquear mis víveres? 
-Todo llegará. De momento, cómete ese arenque. Este otro me está mirando.

Los arenques fueron satisfactoriamente deglutidos, untadas las tostadas, y la tetera vaciada, antes de que pudiera enterarme de los cargos que se me imputaban.

-Los Forrester van a visitarnos en Killarney para las regatas. Tienes que venir. El honor de la familia está en juego.
-¿Los Forrester? ¿Fred y Endora Forrester? ¿Qué tienen que ver esos pelmazos yanquis con las regatas? 
-Nos han desafiado a una regata familiar. Fred Forrester, su ayuda de cámara y sus dos hijos varones remarán contra tus adorables sobrinos.
-Mis apestables sobrinos son dos. Ahí faltan remeros. 
-El tercero y el cuarto iban a ser mi marido y su primo Patrick, pero Charles tiene un ataque de reúma, y Patrick... está pasando una temporadita... en la cárcel.
-¿?
-No preguntes. La política irlandesa es complicada.
-¿Y pretendes...?
-Tú y Porridge completaréis la tripulación. Levántate. Tenéis que entrenar. La regata es el domingo próximo.

Si bien mi hermana dista aún de los estándares de autoritarismo que tan merecida fama han dado a tía Raspa, puede afirmarse que progresa adecuadamente en el cursus honorum de la tiranía. Quiero decir que en seguida se da uno cuenta de que toda resistencia es inútil. Cuando nos quedamos solos, interrogué a mi compañero de bancada:

-¿Qué tal rema usted, Porridge?
-En mis tiempos no lo hacía del todo mal, según dicen.
-Repetiré la pregunta. Fíjese en el tiempo verbal. Es importante: ¿qué tal rema usted, Porridge?
-Temo no estar en la debida forma, actualmente.
-Somos máquinas oxidadas. Vamos a tener que trabajar duro, si no queremos que el deshonor, la ignominia y el oprobio caigan sobre nosotros.

Dos días después, Porridge, mis sobrinos y yo surcábamos las frías aguas del lago Leane a la velocidad de un pato que se hubiera atracado de coles, caracoles o lo que diablos coman los patos.

-Esto es un desastre. Sobrinos, sois la vergüenza de la familia. Ése solía ser mi puesto, pero me habéis destronado como a un ciervo viejo.
-No... uf... tenemos... costumbre...
-...de remar tan temprano.
-Dejad de hablarme en contrapunto. Sabéis que lo odio.
-Lo...
-...sabemos.

En ese momento, vimos a lo lejos algo parecido a un fueraborda peinando el agua hacia Innisfallen, como un cormorán que temiese llegar tarde al pub.

-¿Eso son los Forrester?
-Así parece, señor.
-¡Reman como malditos posesos!
-Su peor tiempo son 19 minutos, 10 segundos, señor.
-¿Y el nuestro?
-Creo que el señor preferirá continuar a oscuras sobre ese punto, señor.
-Estamos fritos, Porridge. Necesitamos un milagro. Uno del Antiguo Testamento, que son los buenos.
-Participo de su misma opinión, señor.

La ebullición deportiva fue in crescendo el resto de la semana. Las regatas oficiales, con efusión de sombrillas y chaquetas a rayas, se celebraron el sábado, y el domingo por la mañana, los clanes Sans-Foy y Forrester se aprestaron a batirse, remo en ristre, bajo los torreones del castillo de Ross.

-Bien, Porridge. ¿Cree que tenemos alguna posibilidad?
-Los Forrester hicieron ayer 18 minutos 30 segundos, señor.
-¿Y nosotros?
-Parece que la mañana va a ser soleada, señor.
-Lo he pillado, Porridge. No insistiré. ¿Y vosotros dos, zampabollos? ¿Estáis en forma?
-Yo, sí. Toby estuvo anoche de farra.
-Cállate, idiota.

Con tan entrañable esprit de corps nos dispusimos a oír el cañonazo de salida.
Según supe por Toby, en el Killarney Arms pagaban ocho a cien por nosotros, y en la Posada del Perro, uno contra nueve.
Pero los Sans-Foy no somos gente a la que se desaliente con malos presagios. Firmes en el remo, salimos disparados tras la estela de los Forrester, si bien, tras las primeras quinientas yardas, casi los habíamos perdido de vista.

-¿Dónde diantres están?
-Muy a estribor, señor.
-¿Estribor es la derecha? 
-Sí, señor.
-¡Pues hable claro!

En la boya de una milla íbamos echando el bofe, pero los Forrester estaban haciendo cosas muy raras. Desde luego, remaban más rápido, pero su trayectoria era errática. Primero se perdieron hacia estribor, o como se diga. Luego, corrigieron el rumbo y nos tomaron de nuevo la delantera, pero volvieron a desviarse hacia la derecha, como si se los llevase el viento. Cuando quedaban mil yardas para la meta íbamos casi en paralelo. Ambas tripulaciones redoblamos nuestro ritmo, pero, cuanto más rápido bogaban los Forrester, más perdían el rumbo. Con Porridge a la proa, Toby y Tim en el centro y un servidor a popa, el Argos amarillo de los Sans-Foy posó su panza sobre la playa de Innisfallen. 
No hubo púberes canéforas que coronaran nuestras sienes con mirtos y laureles... pero la visión de los Forrester peleándose entre ellos a cien yardas de la orilla fue igualmente homérica. 
Habíamos ganado, tanto a los elementos como a las naves enemigas.

-Los milagros existen, Porridge.
-Así me lo han asegurado, señor.

Regresábamos a la civilización en el ferry de Portsmouth. La brisa marina tonificaba nuestros pulmones y el rumor alado de victoria resonaba en nuestros oídos. Éramos héroes regresando al hogar.

-La verdad es que mis sobrinos no han puesto mucho de su parte. 
-Su rendimiento es mejorable, señor.
-¿Mejorable? ¡Vaya par de zampabollos! Nosotros sí que hemos dado el do de pecho. Creo que no es injusto decir que usted y yo hemos sido los artífices del triunfo.
-(...)
-Porridge... En confianza...
-¿Señor?
-¿Hemos hecho trampa?
-Yo hablaría más bien de negligencia en el equipo contrario, señor.
-¿Por qué diantres no eran capaces de navegar en línea recta?
-Cuando uno embarca en un bote, debe asegurarse de que los remos de ambos lados sean de la misma longitud.
-¿Y los de los Forrester no lo eran?
-Así, a ojo, calculo una diferencia de ocho o diez pulgadas, señor.
-Muy negligentes, estos Forrester. Y dígame, por curiosidad... ¿ha hecho Vd. alguna especulación deportiva?
-He ganado cien libras, señor. Creo que no sería conveniente volver por la Posada del Perro en una temporada, señor.
-Y por el Killarney Arms tampoco. Yo he sacado trescientas. ¿Le apetece langosta para cenar?
-Me encantan los crustáceos, señor.

Aquí terminan los Pedigree Talks. Me he divertido escribiéndolos pero todo llega a su fin. Gracias por leer. Sic transit gloria mundi.

viernes, 14 de febrero de 2025

XIV. LO QUE PORRIDGE HA UNIDO, QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE


Donde sabremos que, en el amor, nada es lo que parece. Ni siquiera entre los Windsor (de solteros, Sajonia-Coburgo y Gotha)

“Eugène, deja lo que sea que estés haciendo y ven urgente hoy. STOP. Traje etiqueta STOP Camisas pechera dura. STOP. Hoy, Eugène, por Dios y los Santos. STOP. Lou”.

Encontré el telegrama sobre la mesa del desayuno. La joven Lady Parsons, apremiante, comme d’habitude. 

-¿Qué opina, Porridge?
-Milady parece requerir su presencia con cierta vehemencia, milord.
-Hasta ahí llego, Porridge, pero, ¿a qué viene ese asunto del traje y las camisas?
-El traje de etiqueta podría sugerir la presencia de una visita de cumplido.
-¿Y las camisas de pechera dura?
-Comparto plenamente el criterio de milady.
-Qué diantres... Está bien. Si salimos ahora, llegaremos para la cena. Con una visita de postín, Mrs. Muffwater se habrá esmerado, y el viejo Lord le habrá dado a McGrog carta blanca en la bodega. Guarde el arenque ahumado en la fresquera y haga las maletas, Porridge.

Llegamos a Parsons Manor bajo el rosado manto del crepúsculo. El ambiente era el de Fort Bravo aguardando la inminente visita de los indios mescaleros.

-¡Eugène! Menos mal que estás aquí... ¡Corre a cambiarte!. ¡Llegará para la cena!
-¿Quién llegará? ¿Isadora Duncan? ¿Rasputín?
-Oh, Eugène... no seas absurdo. ¡El Príncipe de Gales! ¿No recibiste mi telegrama?
-Tu telegrama hablaba de pecheras duras. Ni una palabra sobre la Casa de Windsor.
-Estoy un poco sobrepasada. Anda, sé bueno y sube a cambiarte. Tengo mucho que hacer.

La tarde se eclipsaba tras las colinas cuando apareció la solemne procesión de Rolls-Royces. Formamos ceremoniosamente para recibir a Edward Albert Christian George Andrew Patrick David. Él saltó del estribo y el invierno de nuestro descontento se tornó en glorioso verano bajo este Sol de York.

La cena estuvo a la altura del regio huésped. Puede que la cocinera haya tenido que guardar cama tras tan titánico esfuerzo, pero el ris de veau a la maréchale aux navets safranés mereció el elogio de Su Alteza Real. Mrs. Muffwater podría ser embalsamada o conservada en formol sin perder por ello su beatífica sonrisa.
La sobremesa fue breve, porque el Príncipe volvía fatigado de Escocia, pero, al pasar a mi lado, me dio una palmadita y me dijo:

-Sans-Foy, muchacho... me alegra verte. Charlaremos en el desayuno. Tráete a ese irlandés tuyo.

Puse al corriente a Porridge mientras me preparaba el baño.

-“Ese irlandés mío” es usted, Porridge. No creo que se refiera a mi abrigo de paño de Galway.
¿Qué diablos puede querer de Vd. el Príncipe de Gales?
-No puedo aventurar ninguna sugerencia al respecto, señor.

En Parsons Manor el gong del desayuno eclosiona invariablemente a las 9.30 horas.
A las 9.31, la sala de mañana del castillo estaba más concurrida que Piccadilly en día de paga.
Docenas de huevos fueron engullidos, solos o en compañía de jamón. Regimientos enteros de salchichas y arenques se abrieron camino hacia los respetuosos y hambrientos estómagos de los cortesanos de Su Alteza.
El príncipe tenía un aspecto verdaderamente regio sentado en su sillón, con un enorme perrazo del tamaño de un pony de Shetland a los pies.

-Sans-Foy, buenos días. ¿Está por ahí ese muchacho suyo? Tengo que pedirle un gran favor.

Porridge entró en la sala y se cuadró como un granadero que va a ser condecorado.

-¿Es Vd. Porridge?
-Para servir a Vuestra Alteza.
-Mi montero mayor, O’Brian, me ha hablado maravillas de Vd. Quisiera presentarle a Deirdre. 

En ese momento, el enorme perrazo, que resultó ser una hembra, se alzó en todo su porte y se dirigió majestuosamente hacia Porridge, quien le colocó la mano sobre la cabeza como si fuera a administrarle los Santos Óleos.

-Magnífico ejemplar, Alteza.
-Wolfhound de Enniskillen. Es mi ojito derecho. O’Brian dice que está Vd. familiarizado con estos nobles animales.
-No hay raza más noble. Mi familia los ha criado durante generaciones.
-Lo cierto es que... ¿Damos un paseo, Porridge?

Todos nos pusimos en pie, mientras el Príncipe, Deirdre y Porridge salían al jardín.

Una hora después, la comitiva principesca abandonó Parsons Manor, dejando a sus moradores con el beatífico alivio del deber cumplido.

-¿Puedo preguntarle qué quería Su Alteza?
-Una contrariedad amorosa, señor.
-¿El Príncipe de Gales le ha pedido consejo... de amor?
-No para él. Se trata de Deirde, su perra. Está en celo.
-Muy respetable. La llamada de la naturaleza y todo eso. ¿Dónde está el problema?
-En la actual coyuntura política con la República de Irlanda, no es fácil encontrar un macho apropiado para una hembra de su pedigree, señor.
-Oh, vaya.
-El primo de Su Alteza, el duque de York, consintió en cederle un macho de su famosa jauría, pero, por alguna razón, el animal no parece ser del gusto de la novia.
-Comprendo. Sus corazones no laten al unísono. Muy frustrante.
-Su Alteza me ha honrado con la misión de propiciar una... entente cordiale, a fin de que...
-Lo he pillado, Porridge. Puede ahorrarse los detalles. ¿Quiere decir que los animales se han quedado aquí?
-Están alojados en las caballerizas, señor.
-¿Y confía Vd. en que el asunto llegue a una... digamos... felix coniunctio?
-Albergo razonables esperanzas, señor.

Disfruté de la hospitalidad de Parsons Manor durante toda la semana. Encumbrada por el triunfo, Mrs. Muffwater mantuvo tal nivel de excelencia culinaria que amenazaba con redondearnos a todos como peces globo.

-¿Qué tal van las cosas, Porridge? ¿Algún progreso con las flechas de Cupido?
-Me complace informar al señor de que las expectativas de Su Alteza han sido satisfechas. He enviado un telegrama para que sus monteros vengan mañana a llevarse los animales.

Durante el viaje de vuelta, Porridge tenía el afable aspecto de Papá Noël regresando a casa tras haber hecho felices a todos los niños del mundo.

-Un trabajo fácil, ¿eh, Porridge? La Naturaleza jugaba a su favor.
-No exactamente, señor. El perro del duque de York era lo que en el oficio conocemos como un capón.
-¿Un capón? ¿Se refiere a que...?
-Tengo la impresión de que el duque no deseaba compartir la estirpe canina con Su Alteza. Le envió un animal decididamente inapropiado para el juego amoroso.
-¡Diantres, con el duque! ¿Y el Príncipe lo sabe?
-No he creído necesario informarle. Deirde ha regresado a su compañía en estado interesante, señor.
-Pero... ¿No acaba de decirme que el semental era un... Farinelli, o como se diga?

Una sonrisa pícara cruzó el rostro de Porridge como un relámpago sobre el cielo encapotado.

-El perro del duque no es el único can de Parsons Manor, señor. ¿Conoce al viejo Furry?
-¿Furry? ¿Esa cosa peluda que va siempre con Achab, el guardabosques, y es tan viejo como él?
-La Primavera ha obrado el milagro, señor. ¿Le importa que fume?

Porridge sacó una pitillera de oro con las armas del Príncipe de Gales. Yo abrí el Daily Mail y me abismé en la crónica internacional. Hay momentos en la vida de un caballero en los que el silencio es la mejor opción.

viernes, 7 de febrero de 2025

XIII. UN CABALLERO EN AMÉRICA



Donde Eugène de Sans-Foy ilustra a la joven Lady Parsons de los pormenores de su estancia en el Nuevo Continente.

7 de marzo

Querida Lou:

La vida en los Estados Unidos se parece bastante a un viaje en la montaña rusa: todo ocurre muy deprisa y tienes la sensación permanente de estar cabeza abajo. Por lo demás, tanto Porridge como yo nos hemos adaptado a las mil maravillas.
Echo de menos algunas cosas: mi adorada Bollington, el Bentley, el black pudding... y eso, por citar sólo las que empiezan por “B”. Pero no puedo negar que, comparada con Londres en invierno, la vida en Nueva York es una alegre y bulliciosa francachela.

Por un azar del destino, mi llegada coincidió con la triste noticia del fallecimiento de mi tio abuelo Sturgis, del que apenas nada supe en vida, salvo que era natural de la ciudad del mismo nombre, en Dakota del Sur. Al parecer, sufrió un desvanecimiento a las pocas horas de quedar finalista en un concurso de twist & swing; lo que no estuvo mal para veterano de la batalla de Gettysburg.
Por Goldschmidt, Jacobson & Abrahamovich, corresponsales americanos de Murchison, Murchison & Slotkins, supe que el tío Sturgis era poseedor de una pequeña pero sólida firma de cereales para bebés, “La Alegría del Lactante”, de la que, descontados impuestos, gestiones y zarandajas, me corresponde un jugoso pellizco. 
Los señores Goldschmidt y Jacobson, de riguroso luto, me esperaban en el muelle, mientras el señor Abrahamovich regateaba con el taxista. Camino del hotel, firmé documentos suficientes para empapelar ambas Dakotas.
No es que nade en dinero, pero el barómetro mi situación financiera ha pasado, en menos que canta un gallo, de “Pluie ou Vent” a “Beau Temps”. Eso me ha permitido, entre otras cosas, reembolsar a tía Raspa las mil libras de las que la despojé de forma no del todo deportiva. Junto con el cheque, le he mandado una chuchería de Tiffany’s que espero contribuya a cicatrizar su ira.

24 de abril

Querida Lou:

Nueva York es el sitio más fantástico que puedas imaginar, sobre todo, si chapoteas en abundante fluido monetario. Siempre he encontrado poco caballeresca la preocupación por el vil metal, pero aquí nadie le hace ascos a hablar de dinero. De hecho, es muy difícil que hablen de otra cosa, a no ser que estén en un ring de boxeo; preferiblemente dentro. 
Tampoco es de extrañar que así sea, porque, cuando tu situación financiera es desahogada, no hay forma de impedir que tu dinero produzca más y más dinero. Sin el menor esfuerzo por mi parte, me he convertido en feliz copropietario de un rascacielos en Lincoln Square, un teatro en Broadway y un pequeño restaurante italiano en Brooklyn, llamado “La Famiglia”. Soy también accionista de empresas tan dispares como la Anglo-Americana de Cereales Malteados, la Aseguradora de Aves de Corral del Medio-Oeste, el Emporio “King Salomon” de Ginecología y Obstetricia y la Compañía General de Tostadores Eléctricos de Boston.

Aunque tengo mis debilidades en materia de indumentaria, sabes que soy una persona de gastos moderados. Pues bien: durante el mes pasado compré un Cadillac descapotable, un pequeño balandro y una agradable madriguera en Park Avenue... y ni aun así logra uno deshacerse de los beneficios. No te queda otra que reinvertirlos, lo que se traduce en más dinero aún. Son como conejos en época de cría. Esto empieza a resultar una molestia.
Me pregunto si no debería imitar a Porridge, que introduce hasta el último dólar de su salario en un sobre con dirección a Pudding Point, Tipperary.

P.D. Acepta esa pulserita de pedruscos como muestra de mi entrañable afecto. No te preocupes por dar celos a lady Bo. Tendrías que ver la que le he mandado a ella. Parecen huevos de codorniz.

6 de junio

Querida Lou:

Mis quebraderos de cabeza han terminado. Ayer tarde, recibí la visita de Jacobson y Abrahamovich, (es de suponer que Goldschmidt fue el encargado de regatear con el taxista). Me informaron de los devastadores efectos de la caída de las importaciones chinas sobre mi extremadamente volátil equilibrio financiero. Supuse que lo de volátil se refería a las Aves de Corral del Medio Oeste, pero no quise preguntar.
A otro cualquiera, la sola visita de esos tres heraldos del infortunio le habría provocado una crisis nerviosa. Puedo asegurarte que yo les recibí sin mayor muestra de sorpresa o agitación. A ello contribuyó el hecho de que, durante la mañana, toscos operarios se habían presentado para incautarse del coche, el balandro y los muebles del apartamento. Es el tipo de cosas que te hacen barruntar que algo no va bien.

Mi situación ha pasado, a la velocidad del rayo, de la opulencia económica a la indigencia social. Porridge y yo hemos abandonado el apartamento muy temprano, antes de que alguien llame a la puerta con intención de apropiarse de la ropa que llevamos puesta. 
Tras un vivificante paseo por el parque acarreando nuestras humildes posesiones terrenales, que incluyen un abrigo de entretiempo, una cafetera eléctrica y un pequeño retrato al óleo pintado por Grant Wood, Porridge y yo decidimos dar por concluída nuestra aventura americana. Regresamos a Inglaterra. Volvemos al hogar.

-No sé cómo vamos a pagarnos el pasaje, Porridge.
-Si me permite el señor, el pasaje corre de mi cuenta.
-¡Caramba! ¿Nada usted en dinero?
-He hecho algunas inversiones lucrativas, señor.